miércoles 24 de diciembre de 2008

Mi carta al Niño Jesús...

Querido niño,

Muy Feliz Navidad!!

Quiero, antes de hacerte mis peticiones, agradecerte infinitamente todas las bendiciones que regaste en mi vida durante este año. Gracias por mi hermosa familia, por permitirme la dicha de sentirme consentida en exceso y disfrutar a diario de los más ricos abrazos, de los más divinos apretones, de las más tiernas miradas y hasta de - prudentes o no, las únicas que puedo considerar gratas - buenas intervenciones a mi celosa intimidad...

Gracias por esa - antes ansiada - serenidad que ya puedo jactarme de haberle impregnado a mi rutina; por mi conciencia despierta que me invita a sonreír siempre, inclusive después de una jornada triste, de un sinfín de lágrimas incontenibles o de alguna rabieta descontrolada...

Gracias por mi intuición a flor de piel, esa bendita cualidad femenina que puedo sentir con más fuerza cada día y que me ha empujado dulcemente a asumir - con desparpajo algunas veces, con entusiasmo otras tantas - mayores riesgos o desafíos...

Gracias por mi estabilidad, por mi abundancia física y espiritual; no tanto por concedérmela amorosamente - como ya sé lo haces con todo ser vivo que se abre a recibirla - sino por mantenerme precisamente atenta y consciente como para reconocer siempre toda la riqueza que has posado ante mis pies...

Ahora, confiada en tu infinito amor, quiero entonces pedirte mis regalos para esta navidad, tan ostentosos y valiosos como los que has acostumbrado darme. Deseo así poseer agradecida:

La persistencia de mi salud, para degustar con sensatez el particular sabor con el que venga aderezado cada día...

La constante compañía de la gente que amo, y que me ama; porque en dar y recibir amor se sustenta la felicidad plena de todo ser humano... Y en esta dulce energía se refresca siempre mi corazón...

La confianza en nuestra natural tendencia a la bienaventuranza, de modo que no haya caída en mis caminos que pueda sabotear mi Fe...

Y, ¡Gracias de nuevo!, desde ya...

Por hacer de todos mis deseos hermosa realidad.
Por esas metas trazadas que sirven de impulso a mis despertares.
Por mis sueños que impregnan de magia mis andanzas.
Por esa sensación de certeza en mi alma sobre la perfección de mi existencia,
la que me garantiza que - tal como ha sido hasta hoy - todo está y estará bien,
¡¡nada me falta!!

Amén...

sábado 6 de diciembre de 2008

Para Huáscar... por el abrazo anhelado

El reloj marcaba las siete de la mañana y al fin el piloto del avión nos dio la bienvenida al aeropuerto de Maiquetía… Nosotras - mis compañeras de la oficina y yo - que íbamos en planes estrictamente laborales, con el hambre adelantada a causa del viaje madrugador y, además, forzándonos - debido al sueño aún presente - a estar atentas para divisar nuestra próxima puerta de embarque pues tomaríamos otro avión en media hora con destino a Maturín, salimos presurosas ansiosas por desayunar.

Mis amigas aceleraron el paso, advertimos que el abordaje sería por la puerta número uno y todavía teníamos tiempo para compartir el primer café. Yo - que necesito al menos un guayoyo al despertarme para garantizar mi buen humor matutino - recorrí visualmente el área para ubicar el lugar perfecto donde sentarnos a saborear la aromática delicia mañanera.

Ahí estaba, sentado justo frente a mí. ¡A tan sólo unos dos metros! Quedé paralizada unos segundos, lo miré incrédula por otro ratito y finalmente sonreída, así nada más como cuando recibes un elogio, le dije a mi amiga - mira, qué nota, ¡allí está Huáscar Barradas! - y ella con un gesto más parecido al desconcierto que al entusiasmo me respondió preguntando - ¿y quién es ese? -

¡No podía creerlo! Entretanto, una parte de mi quería correr hasta él, extenderle mis brazos y darle ¡un súper apretón! Quería ir a decirle cuánto disfruto sus interpretaciones, cuánto me arruga el corazón y me eriza la piel cuando le escucho, cuántas sonrisas me inspira al verlo en escena. Ahí me quedé pasmada, entre mis ganas de ir a saludarlo - y abrazarlo bonito - y mi conmoción porque mi amiga ¡no sabía quién era Huáscar!

Pero mayor fue mi frustración cuando mi otra compañera, ya con desayuno en mano, vino a nuestro encuentro para recordarnos que había un vuelo que tomar. Le comenté la razón del pequeño retraso y tampoco entendió - ¿quién es ese?, - me dijo también ella, y sentenció - disculpen mi ignorancia pero no se de quién se trata, vámonos que se hace tarde - ¡Yo experimenté un síncope!

Volví a la realidad, tenía una taza de café en mis manos y Huáscar - quien estaba sentado unas mesas más allá - ya se había ido. En ese momento me detesté a mí misma por no ser una niña frenética, pues perdí mi oportunidad de abrazarlo gracias a mi costumbre de deleitarme serenamente con mis pasiones. También odié por un instante a mis amigas, porque no podía aceptar - me niego a hacerlo todavía - que existan coterráneos que desconozcan quién es “La Flauta de Venezuela”.

Huáscar Barradas es de esas divinidades que me llevaría en la maleta si tuviese que irme lejos de este país. Es de esas maravillas que me hacen sentir alivio en este caótico pedacito del norte del sur de América. Es de la gente talentosa de esta tierra de gracia que me hace sentir por ella orgullo, arraigo, ¡amor!

Regresé de mi viaje y pude de nuevo respirar al llegar a casa y compartir; finalmente, con mi familia y mis íntimos amigos; la emoción de haberlo visto, así como la frustración de no haberle abrazado y haber descubierto casi horrorizada que unos tantos venezolanos no lo conocen.

Así que de inmediato busqué sus discos y me embriagué de venezolanidad con ellos, vi otra vez su divino concierto “Entre Amigos” y me permití de nuevo la piel de gallina que se me alborota cuando le veo y escucho, tan marabino, ¡tan venezolano!... Y me he propuesto hablar más y más de Huáscar; porque tal vez yo me quede debiéndole el abrazo, pero entretanto puedo hacer que sean muchos otros los que - al conocerle y escucharle, así como verle en pies descalzos amar a Venezuela a través de su flauta - quieran entonces abrazarse con él.


Si eres de los que sabe poco o nada de Huáscar, te invito a visitar su sitio web:

miércoles 5 de noviembre de 2008

Y te cedo este tiempo de hoy...

Quería negarme a escribirte… Necesitaba distraer de mi mente esta agobiante convicción de que te he convertido en la absoluta inspiración de mi nostalgia. No quisiera admitir que permaneces constante como favorita tentación para desencadenar mi melancolía.

Deseaba seguir fingiendo… No podía confesar que continúas perturbándome el pensamiento. Anhelaba seguir diciéndome a mí misma que ya no recuerdo tu perfume, que es mentira que algún rostro me sirva para recrear a diario el tuyo. Me resistía a afirmar que - todavía, inclusive - sin querer sigo identificando en los demás esos peculiares rasgos que me fascinaban de tu carácter.

Quería creer que estaba siendo fácil olvidarte… Necesitaba decirle a mis heridas que nada tenían que ver con tu ausencia. No quisiera aceptar que aún tienes la capacidad de hacer venir al mío tus pensamientos.

Deseaba pensar que sólo eran jugarretas de mi imaginación… No podía reconocer que es tu voz la que insiste en escuchar mi alma, que son tus susurros sublimes los que me despiertan cada madrugada inquieta. Me resistía a cederle espacio a las palabras que en voz bajita vienen contándome de ti, de esa vida que llevas ahora, lejano, sin mí.

Y entonces, negándome a cederte mi tiempo de hoy, paradójicamente sigues tú llenándolo todo. Es que difícilmente puede fluir un río cuyas aguas insistimos en contener, porque víctima de su propia represión la corriente al final se desborda, arrasa con todo.

Así que bienvenida sea la tormenta. Te escribo, me convenzo, admito, dejo de fingir, confieso, acepto, te cedo mi espacio y mi tiempo de hoy. Y bendita sea mi desazón… Que para quienes llega la lluvia sin duda, después, ha de volver a salir el sol.

domingo 20 de julio de 2008

Deliciosa quietud, naturalmente humana.


Y pensar que un día estuviste vencida, te sentiste abatida, quisiste renunciar, te abandonaste a caer, te negaste a resistir… Olvidaste cuánto podía ayudar la esperanza, perdiste totalmente la fe, le diste la espalda a la luz, anhelaste inclusive desaparecer…

Como si acaso apenas un muy mal día pudiese tener influencia definitiva en una existencia destinada al cambio constante, al diario renacer. Como si no te hubiese enseñado ya la vida que un instante de desasosiego no es más que eso, un diminuto instante…

Ahora entonces te ríes de ti misma, de lo tonta que eres al rendirte. Entiendes que para la derrota tenemos derecho y permiso, pero que dedicarle espacio a su veneno no es más que desperdiciar el tiempo...

Descubres que siempre, de pronto, naturalmente reaccionas; empiezas otra vez. No tanto porque así lo hayas decidido sino porque, para tu bien, es ley universal que nos neguemos a estancarnos. Finalmente nuestra esencia nos empuja, nos obliga a abrir las alas, nos permite quizá un rato a solas para sanar las heridas del miedo y nos induce luego de nuevo a volar…

Observas pues como el alma insiste reiteradamente en ponerse de pie. Agradeces a la vida el ser más sabia que tú, por darte constantemente un oportuno empujón; ese sacudón espeluznante que dichosamente te trae hasta aquí, al reconocimiento sereno de tus bendiciones, a la satisfacción plena de tu más profunda necesidad: ¡tu paz interior!

Y pensar que nada tenía que ver con tu mundo exterior, mucho menos con tus circunstancias íntimas… Simplemente bastaba con exorcizar al pensamiento, pasar la página, aquietar el espíritu agitado, sentarte a esperar, dejarle espacio al huracán, cederle tiempo a la tormenta, tener el valor de asumir el temor, aceptar que la desesperación es humana y que, como todo lo humano, trasciende, se desvanece y transforma...

Basta ser natural. Porque así como en la naturaleza, después de un terremoto, todo vuelve a su lugar, así en el alma todo remolino tumultuoso necesita su espacio para expandirse, para diluirse por siempre y entonces dar paso a la calma, a la deliciosa quietud que realmente somos.

domingo 22 de junio de 2008

Congreso AMMPE 2008: Periodistas y escritoras del mundo reflexionan sobre la Era Digital

Con especial agrado recibí una invitación del Colegio de Periodistas de Chile, donde con mucho entusiasmo y dedicación están trabajando para la realización del XVIII Congreso Internacional de la Asociación Mundial de Mujeres Periodistas y Escritoras (AMMPE), cuya celebración está prevista en Santiago a finales del mes de septiembre.

La Asociación Mundial de Mujeres Periodistas y Escritoras, AMMPE, es una organización no gubernamental adscrita a la Organización de Naciones Unidas (ONU), fundada hace ya 39 años en México. Sus actividades están centradas en principios esenciales para el ejercicio de nuestra profesión, como la libertad de expresión, la protección del medio ambiente y el respeto a todas las creencias religiosas, políticas y filosóficas.

Actualmente la AMMPE opera en 36 países, sus objetivos están orientados a la profesionalización de las mujeres periodistas y escritoras del mundo, así como la promoción de sus actividades y la creación de una red internacional de comunicadoras que sume esfuerzos y promueva el valor inmenso, más que evidente en estos tiempos, del aporte femenino a la evolución humana y, especialmente, al campo de las comunicaciones.

Este año 2008, el Congreso Mundial de la asociación tendrá como tema central, “Comunicaciones y Periodismo en la Era Digital”. Mujeres periodistas y escritoras del mundo nos reuniremos para reflexionar sobre la revolución que han causado las tecnologías de información en las últimas décadas no sólo en el estricto ámbito profesional, donde sin duda los cambios y aportes son notables, sino en la dinámica en general de cada una de las sociedades del planeta.

¿Es la información más eficaz hoy? ¿Están satisfechas las audiencias con la cantidad de información que reciben a través de sus computadoras? ¿Realmente está contribuyendo Internet a crear un mundo con mayor libertad para todos? ¿Estamos mejor comunicados en este siglo XXI? ¿Las posibilidades de información y comunicación de hoy facilitan la constitución de una humanidad más relacionada y armoniosa?

Y en el periodismo, donde el efecto de las ya no tan nuevas tecnologías de información ha sido realmente importante, ¿Estamos hoy los comunicadores de oficio mejor equipados para desempeñar nuestro trabajo? ¿Sabemos sacar el mayor provecho de esta nueva realidad para el bien de nuestras audiencias? ¿Puede ser periodista hoy cualquier persona que domine las nuevas tecnologías? ¿Hay más libertad de expresión hoy con Internet?

Estas son apenas algunas de las interrogantes que desde ya nos hacemos y a las que buscaremos respuesta durante los debates de los días 25 y 26 de septiembre, en Santiago de Chile; en medio de las interesantes disertaciones que seguramente surgirán entre los participantes que nos congregaremos en el Hotel Crown Plaza, provenientes de diversos países de América, Asia y África; para nutrirnos de las experiencias y saberes de todos.

¡Enhorabuena, que así sea!



Para informaciones e inscripción, pueden escribir a:
Gloria Leiva, Presidenta:
gleiva@csav.com
Patricia Lutz, Vicepresidenta Congreso: plutz@performanc3.cl