Mi carta al Niño Jesús...
Muy Feliz Navidad!!
Quiero, antes de hacerte mis peticiones, agradecerte infinitamente todas las bendiciones que regaste en mi vida durante este año. Gracias por mi hermosa familia, por permitirme la dicha de sentirme consentida en exceso y disfrutar a diario de los más ricos abrazos, de los más divinos apretones, de las más tiernas miradas y hasta de - prudentes o no, las únicas que puedo considerar gratas - buenas intervenciones a mi celosa intimidad...
Gracias por esa - antes ansiada - serenidad que ya puedo jactarme de haberle impregnado a mi rutina; por mi conciencia despierta que me invita a sonreír siempre, inclusive después de una jornada triste, de un sinfín de lágrimas incontenibles o de alguna rabieta descontrolada...
Gracias por mi intuición a flor de piel, esa bendita cualidad femenina que puedo sentir con más fuerza cada día y que me ha empujado dulcemente a asumir - con desparpajo algunas veces, con entusiasmo otras tantas - mayores riesgos o desafíos...
Gracias por mi estabilidad, por mi abundancia física y espiritual; no tanto por concedérmela amorosamente - como ya sé lo haces con todo ser vivo que se abre a recibirla - sino por mantenerme precisamente atenta y consciente como para reconocer siempre toda la riqueza que has posado ante mis pies...
Ahora, confiada en tu infinito amor, quiero entonces pedirte mis regalos para esta navidad, tan ostentosos y valiosos como los que has acostumbrado darme. Deseo así poseer agradecida:
La persistencia de mi salud, para degustar con sensatez el particular sabor con el que venga aderezado cada día...
La constante compañía de la gente que amo, y que me ama; porque en dar y recibir amor se sustenta la felicidad plena de todo ser humano... Y en esta dulce energía se refresca siempre mi corazón...
La confianza en nuestra natural tendencia a la bienaventuranza, de modo que no haya caída en mis caminos que pueda sabotear mi Fe...
Y, ¡Gracias de nuevo!, desde ya...
Por hacer de todos mis deseos hermosa realidad.
Por esas metas trazadas que sirven de impulso a mis despertares.
Por mis sueños que impregnan de magia mis andanzas.
Por esa sensación de certeza en mi alma sobre la perfección de mi existencia,
la que me garantiza que - tal como ha sido hasta hoy - todo está y estará bien,
Quiero, antes de hacerte mis peticiones, agradecerte infinitamente todas las bendiciones que regaste en mi vida durante este año. Gracias por mi hermosa familia, por permitirme la dicha de sentirme consentida en exceso y disfrutar a diario de los más ricos abrazos, de los más divinos apretones, de las más tiernas miradas y hasta de - prudentes o no, las únicas que puedo considerar gratas - buenas intervenciones a mi celosa intimidad...
Gracias por esa - antes ansiada - serenidad que ya puedo jactarme de haberle impregnado a mi rutina; por mi conciencia despierta que me invita a sonreír siempre, inclusive después de una jornada triste, de un sinfín de lágrimas incontenibles o de alguna rabieta descontrolada...
Gracias por mi intuición a flor de piel, esa bendita cualidad femenina que puedo sentir con más fuerza cada día y que me ha empujado dulcemente a asumir - con desparpajo algunas veces, con entusiasmo otras tantas - mayores riesgos o desafíos...
Gracias por mi estabilidad, por mi abundancia física y espiritual; no tanto por concedérmela amorosamente - como ya sé lo haces con todo ser vivo que se abre a recibirla - sino por mantenerme precisamente atenta y consciente como para reconocer siempre toda la riqueza que has posado ante mis pies...
Ahora, confiada en tu infinito amor, quiero entonces pedirte mis regalos para esta navidad, tan ostentosos y valiosos como los que has acostumbrado darme. Deseo así poseer agradecida:
La persistencia de mi salud, para degustar con sensatez el particular sabor con el que venga aderezado cada día...
La constante compañía de la gente que amo, y que me ama; porque en dar y recibir amor se sustenta la felicidad plena de todo ser humano... Y en esta dulce energía se refresca siempre mi corazón...
La confianza en nuestra natural tendencia a la bienaventuranza, de modo que no haya caída en mis caminos que pueda sabotear mi Fe...
Y, ¡Gracias de nuevo!, desde ya...
Por hacer de todos mis deseos hermosa realidad.
Por esas metas trazadas que sirven de impulso a mis despertares.
Por mis sueños que impregnan de magia mis andanzas.
Por esa sensación de certeza en mi alma sobre la perfección de mi existencia,
la que me garantiza que - tal como ha sido hasta hoy - todo está y estará bien,
¡¡nada me falta!!
Amén...
Amén...











